lunes, 23 de abril de 2007

Destrozar por destrozar

Y ¿qué importa lo que opine la gente? Ese parece ser el lema de los dirigentes de éste, nuestro pueblo, Algorta Getxo. Y es que últimamente los mandatarios no dan pie con bola. La gente no está de acuerdo con sus planes de “progreso”, pero a ellos realmente les da igual herir los sentimientos de las personas del pueblo, a la vez que matan su vida y su historia. Por supuesto, me estoy refiriendo a las barbaridades estéticas e históricas que han planteado para destrozar en breve esta bella localidad costera. Hablo de la “masacre” del puerto viejo, que recientemente ha comenzado sus obras, o de las casas que quieren construir en Andra Mari, tirando los bonitos y acogedores “Baserris” de la zona, entre otras.



Es un tema polémico en nuestro pueblo, convertido en ciudad. Por una parte está la gente del pueblo, desde los niños hasta ancianos que superan con facilidad los ochenta años, y por otra parte está el ayuntamiento; como quien dice, cuatro monos vs gente honrada, no tan poderosa como ellos, pero una gran multitud. Siendo así, está claro que casi siempre el pueblo tiene razón; es muy difícil que se equivoque tanta gente. O ¿acaso no es más probable que se equivoquen los cuatro monos antes mencionados? Y pensemos un poquito en la gente que ha crecido, se ha hecho adulta y ha envejecido en la misma casa del puerto viejo, divisando siempre el mismo precioso paisaje en el que jugaba cuando la guerra. Imaginemos el vacío que sentirá esa persona por dentro, al ver que han destruido la querida Peña Galdaretxe para ensanchar el paseo marítimo, objetivo que podía haberse conseguido simplemente suprimiendo el tráfico de vehículos. Si a nosotros nos entristece profundamente este hecho, y no somos más que unos bebés comparados con ellos, pensemos en la pena y amargura que tiene que sentir esa pobre gente que ha pasado toda su vida en este precioso lugar. Ante este inexplicable abuso, la gente del pueblo ha empezado a barajar la posibilidad de que esta obra sirva para blanquear dinero.



Hay que tener en cuenta también, otros posibles daños, aparte de los estéticos y los sentimentales (que son los que más duelen). La contaminación que ha causado en el agua este progreso sin sentido, es incalculable. Por poner un ejemplo, este verano, ya comenzadas las obras, fuimos a bañarnos al puerto y salimos de allí como para pasar por el limpia coches o, mejor, por un programa de desinfección intensivo. Salimos del agua, verde es poco decir, y los picores producidos por la mugre nos duraron varios días (a mí algo más, por mi piel extremadamente sensible) La verdad, es que las aguas del puerto viejo nunca han estado muy limpias, pero, aun así, no nos importaba bañarnos en ellas. Ese agradable baño de verano antes olía a algo refrescante y agradable mezclado con el encanto de la belleza de aquella antigualla, pero ahora huele sin finuras, a pura mierda (siento la expresión).



Y si esto fuese poco, también piensan en destrozar el puerto poniéndonos un asqueroso balneario para pijos, donde ahora hay un aparcamiento, que es donde son celebradas las famosas e increíbles fiestas del puerto viejo. Esta construcción, además de imposibilitar la celebración de las fiestas (que ya es bastante), contribuirá al desmorone estético de esta parte de nuestro pueblo. De hecho, va a dejar de ser nuestro bonito puerto VIEJO, como su propio nombre indica. Aunque yo no haya nacido en el Puerto Viejo, me siento muy orgullosa de que sea parte de mi pueblo. Además de esto, va a hacer que el pueblo se convierta en zona de veraneo de muchos turistas ricos y pijos, que harán que poco a poco cambie nuestra forma de vida y nuestra cultura. Lo mismo sucedió con la construcción del puerto deportivo hace unos años y llenó la zona, sobre todo los fines de semana, de gente que se cree superior por tener un par de yates o un coche para cada día de la semana. Sinceramente, no tengo nada personal contra este tipo de gente, pero no me gustaría que en el puerto viejo se respirase el mismo aire de superioridad que hay en el deportivo. Como tampoco me gustaría que esto se convirtiera en típica ciudad de vacaciones llena de gente, discotecas, clubs, y otras tantas atracciones para turistas. A lo que me refiero es que no quiero que Algorta sea como Benidorm, Marina D´or o Torrevieja. Como bien dicen los carteles y la gente “hau ez da Marbella”.


Nuestro pueblo no es el único que sufre este tipo de agresiones; son muchos los ejemplos, como Mutriku, los molinos de la sierra de Elgea, los atentados ecológicos del AHT, Bakio…



lunes, 2 de abril de 2007

La otra historia de las torres gemelas

Os voy a contar una historia. En realidad no se por qué se me ha ocurrido ahora esto, pero me he acordado y, como todos alguna vez, he sentido nostalgia de aquellos tiempos felices, en los que todo era color de rosa y en todo momento tenías a los aitas para ayudarte. Los problemas no existían, pero dejamos hace mucho aquellos inolvidables años atrás.

Era 24 de diciembre de 2001. Como es habitual ese día, se celebra la Nochebuena y la gente suele tener la costumbre de juntarse con la familia. Aquel día no fue una excepción y así lo hicimos, después de ver la ya habitual quema de Olentzero. Hay que decir que yo por aquel entonces llevaba ya tiempo sin creer en el personaje mitológico, pero me hacia muchísima ilusión aun así. Pues como todos los años nos reunimos en casa de mi tío a pasar la noche, realmente no dormimos allí, pero solemos estar hasta las seis de la madrugada, así que vale la expresión. Después de cenar divinamente (como siempre que cocina mi amatxi) los mayores se pusieron a hablar de temas de adultos, que en aquel entonces no me interesaban en absoluto. Para este momento estaba bien pasada la medianoche. Fui a ver lo que estaban haciendo mis adorables primos que llevaban tiempo desaparecidos, no está de más añadir que soy la mayor y que siempre me han puesto a cuidarlos. Me asomé a la habitación de mi primo, así como con un poco de miedo, y no era para menos. Estaban como salvajes sumergidos en medio de una pelea de almohadas, balones, pelotitas y cualquier otro objeto que no usaría nadie prudente. Aquello parecía una batalla campal o incluso peor, no se podía entrar sin sufrir daños irreversibles. Fue entonces cuando mi prima Irati, que por aquel entonces tendría unos siete años, me miro con carita de pena, de esa con la que miran los niños. Me temí lo peor. Resulta que arrastraba consigo un tablero de ajedrez y, aunque no me pareció el mejor plan para Nochebuena, como buena prima mayor, me puse a jugar con ella. La pobre estaba aburridísima del griterío y del lanzamiento de objetos.

Así que nos pusimos a jugar a ese juego que llaman deporte, pero, tengo que reconocer, que a mí no se me de muy bien y que Irati siempre ha sido una hacha. Mientras tanto, teníamos a los demás alrededor nuestro continuando con el jueguito. Descubrí a lo que estaban jugando. A un lado, y subidos encima de la cama, estaban “Bin Laden” y los amigos de éste, y al otro lado, con la mesa de guarida, se encontraban los enemigos de estos, que supuse que serían los estadounidenses. Gritaban cosas como “hemos ganado”, “ríndete Bush” o “las torres gemelas han pasado a la historia”. Ya se sabe que los niños no entienden lo que puede suponer un atentado de tal magnitud y aprovechan cualquier cosa como juego. A todo esto la partida “emocionantísima” de ajedrez estaba llegando a su fin y perduraban en el tablero mi rey, mi
reina, mis dos torres y un caballo. Irati, en cambio, tenía los dos alfiles, el rey, un caballo y algún que otro peón. Fue entonces cuando un tiro de balón, de alguno de estos niños locos que tengo por primos, derribo la lámpara. La lámpara, con forma de avión, cayó sobre el tablero, derribando mis dos torres y dejándonos a oscuras.

Fue así como Bin Laden triunfó dos veces el mismo año. Sin embargo, en diciembre en el avión iba pilotado por el mismísimo pato Lucas y los “terroristas” eran unos niños euskaldunes ( no arabes ), ninguno de los cuales superaba los diez años.

domingo, 1 de abril de 2007

Un tópico o lo típico...

“Luego me llamas al móvil” o “mándame un mensaje cuando te enteres del plan” son unas frases muy comunes en nuestra sociedad. Los teléfonos móviles son algo relativamente nuevo pero es instrumentito que ha “forrado” a más de uno.

Hace unos diez años o incluso menos los móviles eran algo fuera de lo común. Los dueños de aquellas cosas que al resto del mundo nos parecían innecesarios o simplemente un lujo impermitible. Mirábamos a los primeros usuarios de las telefonías móviles como si fuesen bichos raros y, aunque parezca mentira, imitábamos a los pijos con un “ladritel” de los nuevos en la mano. Ahora dicho, parece algo hecho por un grupo de niños tontos, pero aunque éramos muy niños nosotros todavía (como os lo habréis supuesto ya) no éramos niños impertinentes que no paraban de molestar, sino que, a nuestra manera, expresábamos que aquello era algo que solo se veía en películas de gente “super guay” .Son agua pasada los tiempos en ibas a la cabina y llamabas a casa y le decías: “amatxu ven a buscarme a las ocho y media que los aitas de mis amigas vienen a esa hora”. Pero los tiempos cambian, y mucho, y ahora el que no tiene un móvil es como si fuera el rarito o estuviera excluido, puesto que no estaría integrado por no poder mantener apasionantes conversaciones con los colegas (que como ya mencioné una vez son importantes y son utilizadas para el marujeo).

Nunca he sido muy amiga de las nuevas tecnologías, dado que los ratones del ordenador se me resisten, los cascos del MP3 se me caen y todavía no he conseguido saber que es exactamente un “ipod”. Sin embargo, como todo, tiene sus excepciones que confirman la regla. Pues si, los móviles son mi pasión, no todos, pero el mío para mí es indispensable. Ahora me hace gracia cuando viene mi ama a que le lea los mensajes porque de momento sólo ha aprendido a llamar.

Lo que yo estoy queriendo decir con este artículo, es que el uso de los teléfonos es abusivo (para que no vamos a engañar, mi uso también es excesivo), y aún no conocemos a ciencia cierta los efectos nocivos que pueden traer los móviles bajo el brazo. Y es que son muchos los que dicen que las ondas son malignas y que pueden producir cáncer. Mi tío, por ejemplo, no te deja acercarte a él si llevas uno de esos “virus“ como dice él. En mi opinión le damos demasiada importancia a estos “cacharritos”, mucho más de la que deberían tener. Porque, puestos a pensarlo, no es nada del otro mundo y podríamos vivir sin él. Yo, sinceramente, lo dudo por que la verdad es que tengo cierta dependencia de mi amigo el móvil. Y no es el hecho de tener un teléfono repleto de increíbles avances lo que me gusta, sino simplemente tener el placer de comunicarme en mis propias manos. Si nos dedicáramos a pensarlo durante un tiempo, nos daríamos cuenta de que más de la mitad de las veces que usamos el móvil no son indispensables y que en otros tiempos no habríamos ido a buscar una cabina; cosa que ahora, aunque lo intentaras, no encontrarías una en tres kilómetros a la redonda, al menos que funcione. La verdad es que creo, que esto se está convirtiendo en una pequeña “pandemia” y que dentro de menos años de los que esperamos habrá un enfermedad tratada médicamente llamada movilmanía que la padecerán los movilómanos. Ahora incluso hay anuncios de cosas tan absurdas como móviles con sonidos de animales y forma de estrella, creo que todos sabemos de que anuncio hablo. Nos pasamos el día entero quejándonos por la ruina que es el móvil, pero la verdad es que no lo utilizamos debidamente. Es multitud la gente que envía sms-s que dicen “me aburro” o “he visto a tal por la calle” que son totalmente innecesarios. Pero, sin embargo, todo el mundo lo hace sin poder remediarlo. Todo el mundo se ha encariñado con la simplicidad y la complejidad del móvil, incluso la gente que no creías que lo haría, como por ejemplo mi aitite y mi amatxi, entre otros.

Pero, aunque la mayoría de la gente crea que es excesivo el uso de dicho “tramankulo”, no se puede hacer nada para controlarlo, pues quien más quien menos ha encontrado en el móvil una ayuda o una facilidad. Deberían advertir al comprarlo de que “produce dependencia y puede dañar gravemente su salud” como lo hacen en las cajetillas de tabaco. Pero yo hay una cosa que no entiendo y es que “¿como hacían nuestros aitas y aitites para localizar a los amigos si por algún motivo no podían quedar a la hora, en los cualquiera de los lugares de este enorme pueblo?” A mí que me cuenten el truquillo, que mi economía depende de ello.